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12 horas en el louvre

Katy Gómez| 16 nov 2015| 0 comments | Sin categoría

Cartel

El sábado 14 de noviembre, un día después de la masacre de París, se inaguraba una exposición sobre París. El destino, a veces caprichoso, convirtió la inauguración en un modesto pero sentido homenaje a la víctimas de París y del mundo. Conmoción, dolor, impotencia y vulnerabilidad. Emociones encontradas en una amalgama agridulce de sensaciones que inevitablemente estuvieron presentes.

Cuando el fotógrafo expone el resultado de su proyecto, el observador interactúa y reinterpreta el mensaje visual del autor,  por eso cada fotografía es distinta, porque tú la estás mirando y porque miramos y miramos y siempre queda el placer de la incertidumbre.

Para todos los que no pudisteis estar, os dejo unas imágenes de la inaguración.

12 horas en el Louvre


12 HORAS EN EL LOUVRE

Heredero del siglo de las luces y de la Revolución Francesa, el museo del Louvre se ha impuesto como “el Museo de los museos”. Visitado por más de 10 millones de personas al año, conforma un microcosmos completo de oportunidades fotográficas. Un lugar abierto, popular, generoso, accesible, ​con excepcionales espacios de arte donde la arquitectura moderna se funde en perfecta armonía con el majestuoso palacio marcadamente simétrico.

El museo, su entorno y su vida es una tentación fotográfica que ha cristalizado en la exposición 12 horas en el Louvre.  Los pasajes de acceso a la explanada, la propia  explanada, la genial pirámide de Pei,  icono emblemático de inserción de modernidad en un entorno histórico,  la reorganización de los espacios bajo la pirámide inundados de la luz que atrae la propia pirámide, el  centro comercial debajo del Arco del Carrusel con su famosa Pyramide Inversée,  los lucernarios, los juegos de luces y sombras, de simetrías, de texturas, y perspectivas, ha reforzado  mi necesidad de elogiar las sombras y reverenciar las luces, envuelta entre obras de arte, belleza y emoción.

La dimensión humana, el ir y devenir de almas  en busca de arte, dan vida al proyecto. El contraste entre la quietud de la obra de arte, inmóvil, siempre la misma, y la vida que desprenden quienes ante ellas se sitúan, siluetas  fugaces,   rostros  indiferentes,  sorprendidos  o  seducidos y “selfiefotografiados”, terminan por ser parte esencial de este proyecto.

 

 

 

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