Los últimos esquiladores

Espaldas encorvadas, sudor y polvo. Duro trabajo milenario para despojar al ganado de su preciado vellón. En junio, las cuadrillas de esquiladores se desplazan hasta las majadas andaluzas. Trabajan sin descanso, uno y otro día hasta completar la temporada. La jornada comienza al amanecer, cuando el macho castrado (manso) hace de reclamo para conducir los lotes de ovejas que van a ser esquiladas. Todos conocen su cometido, trabajan con destreza y a una velocidad frenética hasta colmar sacos de lana que hace tiempo dejaron de tener valor. La jornada termina con un contundente almuerzo, entre risas y anécdotas, que alivian la dureza del oficio.

Así se vuelve a renovar una práctica milenaria que se extingue al mismo ritmo que las ganaderías autóctonas ligadas a la tierra. Una cultura derrotada y la desaparición de un oficio y una forma de vida que hizo próspera a España. En muchos lugares ya solo quedan los rescoldos, cortijos precintados por zarzales y el olvido”