BURKINA Y BENIN

Burkina Faso y Benín son dos países del África negra más desconocida y auténtica. Lugares ideales para emprender un viaje sin ideas preconcebidas y con espíritu abierto. Un viaje para franquear las puertas de otra época y de otra concepción espiritual y social. Pertenecen al África que te conquista por los sentidos, por el torbellino de color de sus mercados, por la elegancia innata de sus mujeres, siempre esbeltas, siempre madres, por sus hechiceros que invocan, mediante rituales de sangre y magia, la protección de los ancestros y por la pobreza obscena.

Ambos países comparten una espectacular arquitectura tradicional de barro y paja, única en el mundo por su diseño y simbología. Tanto las sukalas del país lobi en Burkina como las tata somba de Benín fueron concebidas como pequeñas fortalezas para protegerse de los intrusos, las fieras y los cazadores de esclavos que venían de reino de Dahomey. Están rodeadas de fetiches y figuras antropomorfas que protegen la familia, en un mundo animista donde guardan un respeto reverencial por sus difuntos.

El verdadero hechizo comienza una vez franqueada la angosta y única puerta que da acceso a su interior. Un mundo negro en perpetua semipenumbra, una atmósfera fantasmagórica de humo azul y hollín, la leña que arde bajo ollas de latón y barro, las hermosísimas escaleras de peldaños talladas en troncos de madera y los agujeros de luz que perfilan la belleza de sus moradores. Una siente la sensación de estar compartiendo un mundo antiguo en vías de extinción. África siempre hechiza y sorprende, a pesar de sus trágicas y mágicas contradicciones.