
Todo relato tiene un punto de partida y este vio la luz cuando apareció la duende de la selva. Su figura diminuta y grácil se percibía como un leve acento de color en el escenario mágico de un mundo que se desvanece. Necesitaba contar una historia de resiliencia y fragilidad y aquella niña baka parecía un duendecillo que reclamaba su derecho a crecer en su hábitat natural y en su cultura ancestral. Su diminuto cuerpo acariciaba la majestuosidad de uno de sus codiciados árboles invocando a Edjengui, el espíritu protector de la selva.
Te cuentan, pero no terminas de imaginar la magnitud de la catástrofe hasta que te cruzas con incontables trailers cargados con gigantescos troncos de moabi. Una hemorragia verde recorre la tierra de los pigmeos Baka en las selvas de Camerún. Un planeta moribundo que se empeña en desangrarse, mientras un puñado de corporaciones internacionales y poderes corruptos se enriquecen.
Los pigmeos Baka viven en las imponentes selvas del África ecuatorial en el sureste de Camerún formando parte del pulmón verde más importante del mundo tras la Amazonía. Los antropólogos estiman que la cultura de cazadores-recolectores Baka lleva mas de 40.000 años interconectados con el maravilloso tapiz de la vida selvática, a la que le otorgan un carácter divino de hogar espiritual y físico.
La jungla les ha proporcionado todo lo necesario para vivir y no conciben conceptos como acumular o almacenar. Practican valores como la igualdad de género, la solidaridad y el trabajo comunitario. Los bakas son guardianes de un conocimiento empírico único para sobrevivir en el medio natural que haría languidecer a cualquier talentoso cerebro de Harvard.
Sin embargo, su estilo de vida se ha visto drásticamente trastornado por la deforestación masiva, las políticas de sedentarización y la preservación de áreas protegidas. Con estas restricciones los baka están siendo expulsados de la selva y obligados a adoptar, atropelladamente, otra forma de vida para la que no están preparados. La explotación laboral, la discriminación y el alcoholismo, está derrumbando la cultura baka y destrozando su identidad.
Los pigmeos baka, la única vida humana que es capaz de reunir conocimientos ancestrales y destrezas increíbles para sobrevivir en la selva, está exhalando sus últimas bocanadas. En unos años no quedará nada y esa riqueza de conocimientos atesorada durante milenios, se desvanecerá como el humo de sus hogueras y la polifonía de sus voces. Los Baka están en peligro de extinción y como cualquier especie en la tierra, su colapso supondrá una inexplicable pérdida de saberes y de códigos de convivencia con la naturaleza que nos darían una lección magistral de sostenibilidad.
Una historia más de medias verdades, de buenas voluntades y de codicia. Yo percibí un espacio íntimo y sensorial de gentes deliciosamente tímidas, laboriosas y hospitalarias. Un espacio místico dotado de una fuerte carga emocional que te conectaba con el espíritu mágico del lugar y las entrañas de su cultura. Una crónica visual de aprendizaje y catarsis para compartir.





















